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miércoles, 12 de agosto de 2026

Para ser un fantasma

 

    Un libro, un disco, una revista; objetos que ocupan un espacio; objetos a los que hay que ir a buscar y a los que podemos regresar a tocarlos, a verlos, a sentirlos entre nuestras manos; objetos que nos devuelven recuerdos; cosas que podemos prestar, extrañar, reclamarlas o regalarlas y cuya virtud no radica del todo en su materialidad; cosas que poseen un “alma”; que se parecen a nosotros y que “nos hacen”, que forman parte de nuestro ser, porque su alma ya ha pasado a formar parte de la nuestra; objetos que son y han sido compañeros y testigos de nuestro derrotero en este mundo; cosas que fueron, quizás, descubiertas como un tesoro;  a las que hemos ido a buscar con algún  esfuerzo; a las que nos acercamos con temor o con esperanza y para las que hemos elegido un momento y un sitio para descubrirlas, para presentarnos, tal vez en soledad, o como pasa con algunos discos,  compartiéndolos con otros; o ese libro, que abrimos como en secreto, sin testigos ni interferencias; cosas a las que le dimos un hogar, un orden y un sentido en nuestro cosmos íntimo; objetos cuya decrepitud, a veces, es más lenta que la nuestra, que se mantienen jóvenes y nos transportan y nos recuerdan que la plenitud nunca es eterna; cosas que han visto crecer nuestras primeras canas; cosas, tangibles cosas, que sabemos que están y que nos esperan, a pesar de que ya hace tiempo y para siempre, su espíritu habita en nosotros.

    Sin embargo esta ´post, post, modernidad”, nos propone un extraño culto a lo virtual; nos incita a una especie de fe en el espiritismo, donde las “cosas” ya no están pero podemos invocarlas, reproducirlas y abandonarlas a su nebulosa suerte; dejarlas olvidadas en la nube imprecisa, anónima e inmaterial de un cielo que creemos sin dueño y sin reglas, pero que sin embargo nos esclaviza con nuestro miedo a que todo se pierda; que nos extorsiona, exigiéndonos que entreguemos nuestro diezmo y nuestro tiempo, a los dioses de ese nuevo universo artificial que promete felicidad y entrega incertidumbre.

   Por eso prefiero aferrarme a mis libros polvorientos; a mis discos rayados; quiero cerca mis revistas demacradas; objetos que han vivido mi vida y yo la de ellos, como pasa con esos amigos que no vemos seguido, pero que sabemos que están y que cada tanto nos confirman que estas manos que hoy escriben, son nuestras manos, esas mismas manos que han estrechado aquella primera vez; objetos y amigos, con los que hemos bebido vinos que emborrachan, que se derraman y que manchan; a quienes mis lágrimas y mi risa, no les son ajenas; con quienes transito este mundo áspero, indiscutiblemente material, sobre las olas de sus días y sus noches y sus años invencibles, ciertos, aterradoramente maravillosos días y noches y años inapelables corpóreos,  palpables en la lenta e inevitable decrepitud de mi cuerpo.

    Por eso prefiero ver, tocar, sentir, saborear, sufrir, disfrutar este mundo material hasta el hartazgo. Ya habrá tiempo para ser un fantasma.

                                                                   

                                                                     @enriquecatelli

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