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Entradas

Bares 6

No hace mucho tiempo descubrí que el hecho de perderme me provoca cierto placer. Me refiero a no saber donde estoy; a querer ir  a un sitio y deambular desorientado sin saber hacia donde tengo que dirigirme realmente para llegar. A veces me pregunto si lo que me interesa seriamente es llegar o simplemente ir. Tal vez sea ir, lo que me llene. Pero entonces ¿dónde está el sentido?  Ahí es donde dudo de mi cordura.
    Porque la lógica dicta que la vida de un  hombre debe regirse por destinos o metas a las que hay que llegar. Y mi meta -me doy cuenta ahora- es sencillamente ir, sin importarme demasiado si llegaré o no; sin pensar demasiado si el camino que tomé es el correcto, el que me llevará menos tiempo recorrer para alcanzar ese destino, o no.     Este descubrimiento, aparentemente insignificante, me ha hecho tomar conciencia de que esa inclinación a desorientarme, a perder tiempo dando vueltas hasta llegar por casualidad; a no prestar atención al camino y no tomar referencias …
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Bares 5

No estoy tranquilo aquí. Es uno de esos bares con demasiada luz, donde da la impresión de que quieren que te vayas enseguida. Los empleados son inquietos y se mueven aunque no tengan nada que hacer;  te miran continuamente y si los mirás, acuden atentos; insoportables. Prefiero esos sitios donde quienes te deberían atender, te ignoran por completo. Allí encuentro paz y me hundo confiado en mis cosas, ya sea leer, fumar, escribir -muchas más cosas no hago-. Pero estos bares con pretensiones de gran eficiencia son distintos; ésta gente no pierde el tiempo; quizá deba ser así, pero prefiero respirar otra atmósfera, menos agresiva, menos petulante; más genuina, más humana; no sé.
     Recién entró una mujer a pedir limosna y no le di; sin mirarla a los ojos negué con la cabeza mientras escribo.      Ahora uno de los empleados la saca de un brazo fuera del local. Alguien, que parece ser el gerente o algo por el estilo, pronuncia un nombre de varón y el muchacho desgarbado que echó a la v…

Bares 4

Hace frío, tengo hambre, estoy solo. Soy un ser bastante insignificante, sucio, y feo, no merezco tu mirada ni tu compasión, ni siquiera tu indiferencia. Ensucio tu paisaje, lo sé, comprendo tu desprecio. Deberías alertar a las autoridades, porque los muchachos no recogieron la basura hoy.      Te cruzaste conmigo y busqué tus ojos. Te llevé conmigo y te desnudé antes de que te dieras cuenta.Te vi desnuda sobre mi cama, hermosa morena de piernas largas y piel sedosa. Tu sonrisa, tus labios, tus pechos erguidos, la temperatura detu cuerpo, esa tibieza, tu humedad que me cobija. Tu media voz, la media luz, tus medias sobre las mías. Y fui todo felicidad. Ya no sentí frío, no tuve hambre, solo tu placer envuelto en el mío. Vos desnuda a mi lado, recorriendo mi cuerpo con tus dedos de algodón, con tu lengua tibia, sedienta de mí. Sí, cuando te crucé y me despreciaste, supe que me llevarías contigo.    Quiero hablar de tu sonrisa, de tus ojos huidizos y reconfortantes, de tu voz, de tus m…

Bares 3

El tiempo corre veloz, o al menos esa es la ilusión que me oprime y yo aquí, sin saber que quiero decir, sintiendo pasar las horas, en este bar, con mi café y mis cigarrillos.
   Un tipo cruza la calle, esquivando los charcos y cubriéndose de la lluvia con un diario. De este lado de la calle una mujer lo espera. Se juntan, se besan, entran, los veo de frente a los dos; se sientan en una mesa delante de mí, él de espaldas, se sonríen, piden café.  El tiempo, que todo lo transforma, o esa es la ilusión que me oprime, corre veloz y yo sigo aquí, viendo gente sonreírse y pedir café, y yo aquí, escribiéndolos y escribiéndome, intentando frenar las horas, o al menos intentando liberarme de esta ilusión que me oprime. Moviendo las piezas para sorprender al adversario o simplemente perdiendo el tiempo.

Bares 2

Estoy en un bar del centro, siendo parte de esa multitud que espera y que como yo, tal vez sospecha que esto es un infierno. Estoy tomando un café, fumando, solo.     La ciudad se despliega húmeda, con su densa solidez de infierno gris. La muchedumbre se asemeja a un ejército. Pareciera que marchan y que los une algún objetivo común, pero al mismo tiempo cierto desconcierto. Alguna incertidumbre colectiva que los une y los separa a la vez.
    Cumplo con mis cívicos deberes, valoro el sistema democrático, conozco la ley de la oferta y la demanda. Sigamos nuestra marcha, cantemos nuestros himnos, elijamos presidentes que nos guíen; respetemos al caudillo; somos buenos, somos pragmáticos, cuidemos el bolsillo, somos el mercado.

Dijo Oliverio Girondo

“Oliverio Brausen es un anarco melancólico anacrónico y un pusilànime usurpador de nombres. Eso de la “literatura lùdica”, me suena a invento de un astrífero junto a las musaslianas chupaporos pulposas y los no menos pólipos hijos del hipo lutio voluntarios del miasma reconculcado...” (En: Revista de Occidente, Madrid, no 1900, en.-marzo 1925)

Bares 1

Cualquier bar del centro. Un buen libro, un café, los cigarrillos. Suficiente para ausentarme de la madrugada y sus misterios, para alejarme de la tarde y espantar sus nubes opresoras; suficiente para olvidar la lluvia o para apagar el sol por un ratito.     Cualquier bar del centro, un buen libro, un café, los cigarrillos, bastan para que nadie me encuentre, para no oír tus nudillos en la puerta, ni ver tu nariz contra el vidrio. No es descortesía, no. Solo estás viéndome lejos, muy lejos, no sé dónde.     Un buen libro, un café, los cigarrillos, en cualquier bar, y que el mundo se venga abajo.
    Y después, cuando la náusea asoma, cuando me veo obligado a volver y ver estos rostros que invitan al vómito…entonces cede sumiso su lugar, el libro al cuaderno y practico este vicio inútil: escribo; comienza entonces la cacofónica birome a defecar signos; a vomitar lo que no pueden digerir o entender mis ojos, mi piel, mi olfato…Y cuando ya no quiero más café y el cenicero da asco replet…