sábado 1 de octubre de 2011

Diario escrito sobre la marcha (Como todos los diarios, pero peor)

Décimo cuarto día
Mal llamado diario porque lo escrito no representa lo sucedido cronológicamente. Es decir los días aquí mencionados no necesariamente se suceden en el tiempo. Sí, se suceden (no podría ser de otra manera), pero no diariamente; quiero decir que el primer día no se corresponde con el primer día de algún mes en particular, o si, pero esto no tiene ninguna importancia; por lo tanto puede ocurrir que entre un día y otro, pasen diez días…sin que esto afecte en nada a lo anotado.
Ahora, en relación a la falta de sensatez, mi muy estimado, no lo comparto…mucho menos la falta de horizonte que menciona…creo que horizonte sobra; es decir el horizonte se ve, se presiente, al menos el horizonte entendido como aquello a lo que aspiramos aunque sabemos que no alcanzaremos nunca (concepto muy bien graficado por Galeano), pero que nos motiva a andar…ahora si Usted se refiere a horizonte en un sentido pragmático, emparentándolo con la idea de meta lisa y llana, creo que ha utilizado mal la metáfora…o tal vez yo no la entienda…
Décimo cuarto día (bis)
El número catorce me simpatiza. Relacionado con la embriaguez, el hecho de pensar en ese estado  me alegra. La borrachera bien entendida es una bendición a la que no debemos renunciar. A veces es un oasis en el desierto, otras una buena manera de volar y otras tantas, es la puerta a otros placeres a los que sobrios quizá no hubiéramos sido invitados. Hablo de disfrute de estados en personas psíquicamente sanas (si es que éstas existen).

Décimo quinto día
Trato de no emborracharme solo.
Trato de no solo emborracharme.



lunes 19 de septiembre de 2011

Diario escrito sobre la marcha (Como todos los diarios, pero peor)


Octavo día

Vivo en un departamento pequeño. Un solo ambiente, una diminuta cocina, un baño con lo mínimo. Pero está en planta baja, tiene dos ventanas a la calle, es una esquina. Tiene su encanto.

Noveno día

Mis muebles, pocos: un sillón de los llamados futones que se abren y quedan convertidos en una incómoda cama de dos plazas y que, salvo que deba compartirla, no despliego nunca. Una pequeña biblioteca contra una de las paredes, una mesa baja y alargada también pegada a la pared que sirve para exhibir adornos ridículos y algún portarretrato; mesa que armé con una estructura que encontré entre unos pastos altos en una calle poco concurrida del barrio y dos tablas, también encontradas en la calle y que prodigiosamente, coincidían con exactitud con las dimensiones de la estructura metálica y que acopladas a ésta formaron una singular mesa bajita blanco de elogios y curiosidad de los visitantes ocasionales a mi hogar en su mayoría de género femenino.

Décimo día

No tengo sillas.

Décimo primer día

La piel de tus sueños tiene el color de la inocencia
Subido a tu cuerpo puedo predecir el futuro.
A lo lejos oigo rugidos, veo sombras
pero estoy seguro, estoy tranquilo
sumido en la luz de tu éxtasis

Décimo segundo día

Creo que este mal llamado diario carece de sentido…
No. Va de nuevo…
Mi muy estimado mi mismo, debo confesarle que su mal llamado diario carece de sentido, pero por sobre todas las cosas, carece de sensatez…y de claridad, de precisión temática, de horizonte, por usar una metáfora que Usted comprenda…


martes 6 de septiembre de 2011

Diario escrito sobre la marcha (Como todos los diarios, pero peor)

Sexto día

Hoy no quiero noticias ni alegres conductores radiales levantando el ánimo de la audiencia. Está nublado. El frío no cede. La mañana transcurre silenciosa pero con convicción, terca, como un animal ciego.
Me obligo a escribir, a dejar todo de lado y mirar hacia dentro. Me impongo el silencio como juez y testigo; me obligo, si, me obligo a un reencuentro con el silencio.
Suspender por un rato el vértigo digital de estos tiempos; dejar subir a la superficie cierta angustia, alentarla, atraerla hasta saber qué es, de dónde proviene, qué quiere….
Cuando está escondida, nadando en las profundidades viscosas de mi inconsciente,  se asoma vestida de bronca. Y esto es peligroso, me digo. La bronca, mi bronca, es un indicio de angustia. Sé que una mínima cuota de bronca es permanente en mí y en todos tal vez, no sé, pero en mí seguro. Y es esa bronca, mascarón de proa de mi angustia, esa sana bronca que convive conmigo es, decía, la que agudiza mis sentidos en dirección crítica hacia lo que me rodea. Es a través de esa mínima inconformidad o si se quiere, desconfianza, que mis ojos, mis orejas, mis manos tratan de descifrar el mundo día a día. Pero hoy no se trata de esa dosis permanente. O mejor, en estos últimos días, semanas quizá, la bronca ha aumentado hasta alcanzar mi pecho y merodear en mi voz como un fantasma quejoso, gritón, necio. He decidido hoy ir en su búsqueda, atraparlo, investigarlo. Por eso el silencio de esta mañana fría.

martes 26 de abril de 2011

Diario escrito sobre la marcha (Como todos los diarios, pero peor)

Quinto día

Me levanté temprano creyendo que tenía una cita. Eso me pasa por no registrar lo que acuerdo con la gente. ¿Cita de qué índole? Una cita con la éxitosa y bella ex mujer de un amigo muerto. Autora de un libro sobre...no importa.
La cuestión es que no habíamos quedado en nada. Fue un podríamos, pero no pudimos. Porque si bien me levanté temprano, si hubiera tenido lugar la cita, hubiera llegado tarde. Muy tarde. Pero un mensaje de texto y su correspondiente respuesta fue suficiente para aclarar la situación, sin exponerme a la grosería de un olvido.
Todos los años inauguro una agenda que dejo de usar metódicamente a los quince días de haberla inaugurado.

De ahí en más, arrugados papelitos con inteligibles anotaciones se refugian en mis bolsillos, hasta ser descubiertos, con suerte unos minutos antes, del anuncio que pretenden transmitir. O, como en este caso, desaparecen en el interior del lavarropas, sin que nadie, jamás, se percate de ellos.








lunes 25 de abril de 2011

Diario escrito sobre la marcha (Como todos los diarios, pero peor)

Cuarto día



Me llegó por e mail una noticia, sobre el avance de la venta de libros electrónico que me suena a operación de marketing. No creo que el libro electrónico reemplace al libro propiamente dicho. La lectura no es lo mismo que la música u otro tipo de entretenimiento. Con el libro, (el objeto libro), uno tiene una relación que es parte de una totalidad (contenido, significado, etc.). Quiero decir que un cd, por ejemplo y su packaging, la tapa, el librito con info y fotos y la música propiamente dicha, son instancias diferentes y complementarias de las que uno puede prescindir de una, sin que altere la otra. Digo: uno puede cerrar los ojos y escuchar la música. Uno puede no escuchar la música y mirar las fotitos del librito o leer las letras. En cambio el libro es un todo del que no podemos desechar nada (o lo desechamos todo). Pero si lo queremos, lo queremos materialmente, lo queremos poseer, ver, poder tocar, acudir a aquellos sitios de su interior que nos han causado…alegría, o que nos han hecho reflexionar…palparlo…no sé, creo que no es lo mismo que decodificar sus signos mediante una pantalla luminosa…lo electrónico, respecto de la lectura, vale para lo inmediato y pasajero, pero nada más. El papel guarda nuestras lágrimas, bebe café, junta polvo. Está vivo.
Quieren que compremos e-books. ¿ Qué mejor entonces que informar que es un éxito en todo el mundo?   A mí déjenme con mis libros de papel y tinta.




Ya en Estados Unidos se venden más libros electrónicos (eBooks) que impresos
Viernes 15 de abril 2011
La Asociación de Editores de Estados Unidos (Association of American Publishers) reveló el jueves que las ventas de eBooks tuvieron un incremento súbito, que ahora representan el formato más popular de lectura en los Estados Unidos. La evolución sugiere que con el libro está sucediendo lo mismo que con la música y el vídeo.
Febrero vio triplicarse las ventas de libros electrónicos, un aumento de 90,3 millones dólares respecto al año pasado, con lo que ese formato superó a los libros impresos en todas las categorías que cubre la AAP. Su director ejecutivo, Tom Allen, razonó que el giro demuestra una evolución en la preferencia de los lectores. Por otra parte, sostuvo que aunque representa un cambio permanente en los hábitos de lectura, todavía los libros impresos son del interés de muchos.

Mientras empresas como Amazon, Apple y Barnes & Noble prosperan debido a su mercado de eBooks, editoras y librerías tradicionales de libros impresos se declaran en bancarrota o buscan desesperadamente compradores que les ayuden a mantenerse por encima del nivel del agua, mientras cada vez más lectores cambian su favor hacia los libros electrónicos.
Aunque la preferencia de los lectores hispanos por los libros electrónicos está todavía en un nivel bajo, no dudamos que en los próximos años los aparatos para leer eBooks (eReaders) tales como Kindle, Nook e iPad serán omnipresentes, igual que sucedió con los teléfonos celulares.
A partir del próximo mes de junio, la editorial Alexandria Libray ofrecerá a los autores la posibilidad de convertir sus libros a los principales formatos digitales: PDF, ePub y MOBI; y de situarlos en las principales librerías de eBooks: Amazon; Apple Bookstore , Barnes & Noble, Google, Kobo, y Diesel.
Les avisaremos por esta vía.
Alexandria Library
MIAMI
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viernes 22 de abril de 2011

Diario escrito sobre la marcha (Como todos los diarios, pero peor)

Primeros tres días
Primer día
14:35
Posiblemente esto no sirva para nada. Estoy seguro de que no servirá para nada. En un rato desistiré de este nuevo intento de escribir y volveré a lo mío. Es decir, a lo que creo es lo mío.
Cómo si esto no fuera también lo mío.
Me duele la espalda. Estoy en una posición incómoda para escribir. Estoy de nuevo en un bar. Pero este bar, como la mayoría de los bares que frecuento actualmente, no tiene la mística que uno puede esperar de un bar. Quiero decir que no es un bar de barrio, de esos bien atorrantes (de los que cada vez hay menos), donde el olor a alcohol y el anónimo trasfondo de los murmullos pueden sumergirnos en ese trance ensimismado de supuesta reflexión tan conveniente para escribir. Es un bar silencioso (esto es bueno y raro). Moderno, sin gracia, pero en algún punto me agrada. Escribo en una notebook y muchos de los presentes hacen lo mismo. Bueno, no sé si escriben, o leen, o se comunican con otras personas. Tienen notebook sobre las mesas. Alguien lee el diario. Sí, de papel. Fuman. Estamos en el sector fumadores. No es buena la luz. Ni la ventilación. Ni la atención. Es caro.
Escribo apurado porque sé que estoy robándole tiempo a quien me paga el sueldo. Salí a comer, pero ya debería haber vuelto. Siento culpa.
¡Mentira!
Pero sí me preocupa tener problemas, tener que dar explicaciones. No me gusta tener que dar explicaciones. Sin embargo sigo sin pedir la cuenta.
Es una actitud irresponsable. Mejor me voy.
Pero me quedé un buen rato más.


Segundo día
6:56
Acabo de bañarme, tomo mate, son las seis cincuenta y seis, me informa la radio, que ya no escucho en la radio sino en la notebook. Me estoy por ir a trabajar. Llueve. Estamos en abril. Aun no amaneció.


14:40
Otra vez estoy almorzando. En otro bar distinto al de ayer. También es moderno. Desde que llegué suena Sinatra. No me desagrada.
Comí bien. Me gusta como atiende la camarera. Es menos silencioso que el de ayer. A mi derecha tres mujeres hablan sobre viajes. Las tres están por viajar. Una a Brasil. “De Río para arriba”, dice. Son señoras paquetas. No las soporto.
Les trajeron la comida. ¡Pero igual hablan sin parar! Ahora hablan de comidas.
Me trajeron el postre.
¡Excelente! Me refiero al postre.
Escribir, estoy escribiendo. Con intentar no pierdo nada. Hace tiempo que no escribo una palabra. Todo tiene una explicación: no sé si llamar a esto que me sucede asco, empalagamiento, decepción. No sé. Pero desde que trabajo en una librería, escribir perdió sentido. Tal vez no quiera ser cómplice de tanta basura impresa. ¡Cuánta basura lee la gente!
“No te preocupes”, me digo, “nadie va a publicarte”. Esa verdad, en lugar de enojarme, me consuela. Porque si te leen…mucho…mmm!...dudá de la calidad de escritor que sos. Y si no te leen…tampoco quiere decir nada respecto de tu calidad, pero serás definitivamente descartado del circuito. Bah! ¿Qué importancia tiene todo esto? ¡Ninguna! Me trajeron el café.
Tengo ganas de fumar.
Me voy.

Tercer día
15:46
Mi notebook me acompaña a todas partes. Se ha convetido en una extensión de mi cuerpo. Y de mi cerebro. Le puse nombre. Se llama… ¡qué importa!
Mentira, no le puse ningún nombre, es una estupidez
Tengo frío. Tomé café. Estoy en el bar que se ha convertido en mi segundo hogar. Es el mismo desde el que escribí el primer día. Es bastante silencioso, se puede fumar y puedo alimentar a mi notebook cuando necesita alimentarse. Hace frío, está la puerta abierta. Esa puerta da a un patio con plantas, voy a pedir que la cierren.
Cerraron la puerta, estoy mejor. He fumado mucho hoy. Miro el cenicero y veo cinco puchos amontonados. Cinco cigarrillos fumados en una hora y media. Es mucho. Me doy asco. No puedo parar de fumar.

Suficiente por hoy. Está nublado, es jueves, hace bastante frío. No tengo mucho más para decir. Sólo reivindicar alguna gente que viene a comprar libros. No todos leen basura. Hay lectores magníficos y de los que aprendo mucho. Muy generosos al compartir sus preferencias. Y muy humildes y abiertos a la hora de aceptar mis sugerencias. Y muy agradecidos cuando los ayudo a descubrir nuevos autores, o textos que no conocían. Me alegra esa relación. Aunque son la minoría, vale la pena soportar al resto, sabiendo que ellos están.



viernes 12 de diciembre de 2008

La mujer de mis sueños

La intuí una noche en la periferia de un sueño. Su imagen permaneció en mi memoria destellando fulgores cada tanto, como advirtiéndome que no debía olvidarla.
Entonces un día la oí llegar, golpear a mi puerta, desde hacía tanto tiempo vedada a la dicha. La vi apoyar un instante su bolso en el suelo, la vi sonreír y escuché su voz diciendo aquí estoy.
La hice pasar y nos abrazamos; no nos animábamos a hablar. En sus ojos pude percibir una tristeza antigua y familiar. Sin embargo estábamos alegres de sabernos, de tocarnos, de sentirnos cerca.
Sabía que te soñaría, me dijo, Sí, le dije, yo también sabía que eras vos la que destellaba en mis sueños, la que llamaba, la que quería venir.
¡Qué alegría que hayamos coincidido al fin!, dijimos a coro y nos reímos. .
Nos quedamos una eternidad mirándonos, sonriéndonos, acariciándonos las mejillas, al borde de las lágrimas, dichosos y en paz.
Inventamos un sexo dulce y sorprendentemente pacífico y otra eternidad permanecimos juntos, mirándonos, transpirados y en silencio.
Hasta que un día, sin poder dejar de sonreírnos y sin dejar de llorar, emocionados, nos dijimos adiós.
Lejos, muy lejos uno del otro, de repente, quedamos con las manos vacías, solos, escribiendo ella, escribiendo yo, sobre ese resplandor intuido una noche, en los alrededores de un sueño.
Nunca supe su nombre. O si lo supe, lo he olvidado. Era hermosa y de una ternura inmensa.